La
situación política en Venezuela está en nivel “veterano” en varios aspectos, la
parte que está en contra del gobierno (oposición) ha estado realizando los
trámites correspondientes para ir a un Referéndum revocatorio y la cuestión va
así:
El primer paso
fue la recolección de firmas de personas que estuvieran a favor del mismo y de
esto se debía obtener un 1%, porcentaje que se superó y por mucho. El Centro
Nacional Electoral (CNE) anunció que debían ser revisadas las firmas de las cuales
anularon una gran cantidad por cosas como: errores en firma, en el número de
cédula, entre otros misterios… Invalidaron a personas como Lilian Tintori, esposa
de Leopoldo López (preso político venezolano) entre otras 600 mil personas
aproximadamente.
Las personas que pasaron el primer filtro
fueron convocadas por segunda vez, en esta ocasión debían validar su firma,
colocando ambos pulgares e índices en las máquinas capta huellas. Grandes filas
de personas se formaron, la cantidad de capta huellas movilizadas por el C.N.E. era mucho menor a la que debería haber habido. Con un horario de 8 A.M. a 12 P.M. y
de 1 P.M. a 4 P.M., los venezolanos teníamos un total de 35 horas divididas en 5
días para realizar la ratificación y lo cumplimos, pero no todo fue tan
sencillo…
Era martes,
cinco de la mañana, segundo día de validación, ya estaba despierta (si es que
eso se puede considerar despierto), fui una de las afortunadas que podía
realizar el segundo paso. En compañía de mi madre nos dirigimos al único punto
asignado más cercano. Al llegar notamos que la fila de personas era tan larga
que ni siquiera logramos distinguir cual era el final para unirnos, más allá de
molestia por el tiempo que sabíamos estaríamos ahí se sentía la emoción y la
alegría de los presentes de participar en el proceso de ponerle fin a la
tiranía que vive Venezuela. Si puedo dar una aproximación diría que eran unas ocho o más cuadras de personas, había música, otros cantaban, el
ambiente era increíble.
Después de
unas cuantas vueltas y preguntar a personal logístico, logramos encontrar el final
y formarnos en la cola, parte de los colaboradores nos informaron que solo
habían 8 máquinas disponibles en ese punto de validación y nos ofrecieron
trasladarnos a otro punto a unas 2 horas, mi mamá y yo lo pensamos, nos daba un poco de nervios pero nos dimos
cuentas de que tomando en cuenta las horas y que yo debía trabajar a las 4 de
la tarde, irnos era la mejor opción, seguimos al muchacho de logística y los
demás que habían accedido a trasladarse.
Nos formamos en una nueva fila, frente a mi un muchacho, no muy alto, era casi de mi tamaño, me fijé en el para no perder la fila que estaba en movimiento hacia el bus que nos trasladaría. Cuando nos detuvimos esperando nuevas instrucciones me puse a conversar un rato con el chico, el cual se llamaba Roberto, bastante amigable, hasta que volvió el organizador para informar que solo díez de las casi 40 personas en la fila podrían ir ya que el bus estaba lleno. Roberto comentó que tenía su carro y podía movilizar unas tres personas más que quisieran. Mi madre y yo accedimos a ir con el, además de otra señora que estaba hablando con mi mamá.
Ahí comenzó la odisea (si es que no había comenzado ya las 5 A.M. de ese día), pues estuvimos casi una hora rodando vía nuestro derecho constitucional. Al llegar a la plaza de un pueblo bastante pintoresco Bejuma, nos volvimos a formar en una fila (considerablemente más corta), habían unas 150 personas o menos, mucha más vegetación, una plaza pequeña, una catedral bastante conservada y hasta perezosos en los árboles. El clima mucho más agradable que en Valencia (primer lugar), mientras esperábamos desayunamos, vimos a las perezas, los funcionarios cerraron una hora para almorzar, si, leyeron bien, dejaron de trabajar para almorzar, donde habían 8 funcionarios y 2 máquinas captahuellas, es decir, fácilmente pudieron haber ido a almorzar 4 y quedarse 4 para seguir avanzando, pero no, todo en pro de que la menor cantidad de persona realizarán la validación.
Casi a las 3 P.M., casi 12 horas después, logramos cumplir con nuestro derecho, validamos nuestra firma y retornamos el viaje de regreso. Con cansancio pero con la satisfacción de haber cumplido con nuestro país y nosotros mismos.
Cabe destacar que no muchas personas tuvieron la misma suerte, hubo muchísimos venezolanos que no lograron validar, sin contar a los que le invalidaron la firma.
Hoy día nos encontramos esperando las fechas para la segunda recolección de firmas, ahora del 20%, la cual, debería ser este año (2016) para que se pueda ir a elecciones presidenciales este año. Aunque ya el CNE estableció la fecha para el 2017, buscando excusas todo para mantenerse en el poder, la oposición ha estado realizando movilizaciones civiles y pacificas para hacer presión por nuestro derecho.
Lo que viven los venezolanos no es fácil: hiperinflación, escasez, corrupción, delincuencia... Entre muchas otras injusticias. Todo esto lo pretende esconder el gobierno con propagandas de una vivienda entregada o de una cumbre de no alineados, pero le informo al Estado, que la desesperanza que viven los venezolanos hoy en día, no pueden esconderlo con nada.
Nos formamos en una nueva fila, frente a mi un muchacho, no muy alto, era casi de mi tamaño, me fijé en el para no perder la fila que estaba en movimiento hacia el bus que nos trasladaría. Cuando nos detuvimos esperando nuevas instrucciones me puse a conversar un rato con el chico, el cual se llamaba Roberto, bastante amigable, hasta que volvió el organizador para informar que solo díez de las casi 40 personas en la fila podrían ir ya que el bus estaba lleno. Roberto comentó que tenía su carro y podía movilizar unas tres personas más que quisieran. Mi madre y yo accedimos a ir con el, además de otra señora que estaba hablando con mi mamá.
Ahí comenzó la odisea (si es que no había comenzado ya las 5 A.M. de ese día), pues estuvimos casi una hora rodando vía nuestro derecho constitucional. Al llegar a la plaza de un pueblo bastante pintoresco Bejuma, nos volvimos a formar en una fila (considerablemente más corta), habían unas 150 personas o menos, mucha más vegetación, una plaza pequeña, una catedral bastante conservada y hasta perezosos en los árboles. El clima mucho más agradable que en Valencia (primer lugar), mientras esperábamos desayunamos, vimos a las perezas, los funcionarios cerraron una hora para almorzar, si, leyeron bien, dejaron de trabajar para almorzar, donde habían 8 funcionarios y 2 máquinas captahuellas, es decir, fácilmente pudieron haber ido a almorzar 4 y quedarse 4 para seguir avanzando, pero no, todo en pro de que la menor cantidad de persona realizarán la validación.
Casi a las 3 P.M., casi 12 horas después, logramos cumplir con nuestro derecho, validamos nuestra firma y retornamos el viaje de regreso. Con cansancio pero con la satisfacción de haber cumplido con nuestro país y nosotros mismos.
Cabe destacar que no muchas personas tuvieron la misma suerte, hubo muchísimos venezolanos que no lograron validar, sin contar a los que le invalidaron la firma.
Hoy día nos encontramos esperando las fechas para la segunda recolección de firmas, ahora del 20%, la cual, debería ser este año (2016) para que se pueda ir a elecciones presidenciales este año. Aunque ya el CNE estableció la fecha para el 2017, buscando excusas todo para mantenerse en el poder, la oposición ha estado realizando movilizaciones civiles y pacificas para hacer presión por nuestro derecho.
Lo que viven los venezolanos no es fácil: hiperinflación, escasez, corrupción, delincuencia... Entre muchas otras injusticias. Todo esto lo pretende esconder el gobierno con propagandas de una vivienda entregada o de una cumbre de no alineados, pero le informo al Estado, que la desesperanza que viven los venezolanos hoy en día, no pueden esconderlo con nada.